Los problemas del aparato locomotor constituyen una de las principales fuentes de dolor crónico, discapacidad y pérdida de autonomía a nivel mundial. Muchas personas llegan a una cirugía, ya sea una infiltración, una artroscopia o una prótesis tras meses o años de limitación funcional, dolor persistente y, en muchos casos, inactividad progresiva.
En este contexto aparece un problema frecuente: el paciente espera la cirugía como única solución, sin intervenir activamente en su estado físico previo. Sin embargo, llegar a la intervención con baja fuerza muscular, pobre control motor y limitada capacidad funcional suele traducirse en recuperaciones más lentas, mayor riesgo de complicaciones y resultados menos satisfactorios.
Aquí es donde la prehabilitación adquiere un papel clave.
¿En qué consiste la prehabilitación?
La prehabilitación es un conjunto de intervenciones realizadas antes de una cirugía con el objetivo de mejorar la capacidad funcional y el estado de salud del paciente. No se trata únicamente de “llegar mejor”, sino de preparar activamente al organismo para tolerar mejor el proceso quirúrgico y optimizar la recuperación posterior.
Este enfoque combina tres pilares fundamentales:
- Preparación física (fuerza, movilidad, resistencia)
- Optimización nutricional
- Gestión emocional (reducción de ansiedad, incertidumbre y frustración)
Desde la fisioterapia y el entrenamiento terapéutico, el componente central es el ejercicio físico dirigido, adaptado a la situación clínica del paciente.
¿Por qué es importante antes de una cirugía?
La evidencia científica actual respalda que una mejor condición física previa a la cirugía se asocia con:
- Menor tasa de complicaciones postoperatorias
- Recuperación funcional más rápida
- Reducción de la estancia hospitalaria
- Mejores resultados en autonomía y calidad de vida
Desde la práctica clínica, esto se observa con claridad: pacientes que llegan a cirugía con mayor fuerza muscular, mejor control del movimiento y una comprensión adecuada de su cuerpo suelen recuperar antes y con mayor seguridad.
Además, la prehabilitación favorece algo clave: la participación del paciente en su propio proceso, lo que mejora la adherencia y los resultados a largo plazo.
¿Cuándo debo hacer prehabilitación?
Siempre que exista una cirugía programada del aparato locomotor, es recomendable iniciar un programa de prehabilitación, idealmente con varias semanas de margen.
Los principales grupos de intervención incluyen:
1. Cirugías ortopédicas
- Prótesis de cadera
- Prótesis de rodilla
2. Cirugía de fracturas
- Osteosíntesis de cadera
- Radio distal
- Húmero proximal
- Tobillo
3. Cirugía artroscópica
- Rodilla: meniscectomía, reconstrucción del ligamento cruzado anterior
- Hombro: manguito rotador, inestabilidad
4. Intervenciones no quirúrgicas
- Infiltraciones articulares o tendinosas
Incluso en procedimientos considerados “menores”, mejorar la condición previa influye directamente en la evolución posterior.

¿Qué se trabaja en un programa de prehabilitación?
El programa debe ser individualizado, pero generalmente incluye los siguientes componentes:
1. Fuerza muscular específica
Se busca activar y fortalecer la musculatura implicada en la zona a intervenir, así como las articulaciones cercanas.
- Trabajo analítico (músculos concretos)
- Trabajo funcional (movimientos globales)
El objetivo es prevenir la atrofia muscular y mejorar la capacidad de respuesta tras la cirugía.
2. Movilidad articular
Se trabaja el rango de movimiento activo dentro de márgenes seguros.
- Ejercicios de movilidad controlada
- Estiramientos específicos
- Conciencia del movimiento
Esto permite llegar a la cirugía con mejor calidad de movimiento y menor rigidez.
3. Control motor y conciencia corporal
Muchos pacientes presentan alteraciones en la forma de moverse debido al dolor.
- Reeducación del movimiento
- Mejora de la coordinación
- Control de patrones compensatorios
Este punto es clave para evitar sobrecargas y facilitar la recuperación funcional.
4. Equilibrio y estabilidad
Especialmente importante en cirugías de miembros inferiores.
- Entrenamiento de la marcha
- Trabajo propioceptivo
- Estabilidad dinámica
Reduce el riesgo de caídas y mejora la seguridad tras la intervención.
5. Entrenamiento aeróbico
Adaptado a cada caso:
- Caminar
- Bicicleta estática
- Ejercicio de baja intensidad
Mejora la capacidad cardiovascular y la tolerancia al esfuerzo.
Frecuencia recomendada
Un protocolo habitual puede ser:
- 2 sesiones por semana
- Durante 4 a 6 semanas previas a la cirugía
Siempre ajustado al tiempo disponible y al estado del paciente.

¿Qué debe hacer el paciente?
Desde un enfoque práctico:
- Iniciar el programa lo antes posible tras conocer la fecha de cirugía
- Seguir un plan estructurado supervisado por un profesional
- Mantener regularidad en las sesiones
- Trabajar dentro de márgenes de dolor tolerable, no evitándolo completamente
- Comprender el propósito de cada ejercicio
La constancia y la implicación son determinantes.
¿Qué se debe evitar?
Algunos errores frecuentes reducen la eficacia de la prehabilitación:
- Esperar sin hacer nada hasta la cirugía
- Evitar completamente el movimiento por miedo al dolor
- Realizar ejercicios sin supervisión o sin adaptación individual
- Sobrecargar la zona lesionada sin control
- Pensar que la cirugía resolverá todo sin intervención activa previa
Ni la inactividad ni el exceso son adecuados; el equilibrio está en el trabajo progresivo y dirigido.
Conclusión
La prehabilitación no es un complemento opcional, sino una herramienta fundamental dentro del proceso quirúrgico. Preparar el sistema musculoesquelético antes de una intervención permite mejorar la respuesta del organismo, optimizar la recuperación y reducir complicaciones.
Más allá de los beneficios físicos, introduce un cambio importante: el paciente deja de ser pasivo y pasa a formar parte activa de su proceso de recuperación.
Llegar mejor a la cirugía no garantiza un resultado perfecto, pero sí aumenta de forma significativa las probabilidades de una evolución más favorable y eficiente.

